Educación en presente


La pandemia movió a la escuela. Se dice que la sociedad cambia y la escuela no lo hace o se tarda décadas. Pero ahora, la realidad se ha impuesto por las acciones sanitarias de protección a la población que estaba incorporada al sistema nacional de educación y obligó de un día a otro, a implementar una serie de políticas y estrategias para intentar continuar  la acción educativa de las escuelas, trasladando parte de esos procesos a las casas. Una apuesta audaz sin duda, que permitió poner en contrate las condiciones de vida de las familias y de la forma en que el sistema escolar esta segmentado y con ello poner un reflector en las diferencias que la desigualdad social y económica provoca en las familias de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la mayoría de la sociedad.

En pocos días, los que pudieron, instituciones, maestras y maestros y las y los alumnos de los diversos niveles de educación se tuvieron que zambullir en la alberca de la ciberespacio y de las plataformas tecnológicas que la virtualidad ofrece. De la nada aparecieron plataformas digitales, Zoom, Microsoft Teams, Skype, Google Meets o Google Classroom, que en son las se usaron de forma inmediata, por quienes tuvieron la intuición para buscar como establecer una serie de acciones educativas, en el uso de las tecnologías de información ante la cuarentena.

Otras instituciones que vienen desde hace varios años trabajando en el desarrollo de la plataforma de software abierto “Moodle” pusieron a prueba sus recursos de Teconologías de Información y Comunicación -TIC´s-. Pero la gran mayoría sin hacer ningún análisis de ventajas y desventajas de cada una de las plataformas educativas disponible, cabe señalar, que hay al menos otras 26 plataformas educativas virtuales de acceso gratuito* además de Moodle, que no fueron consideradas. El mercado y la fuerza de los emporios cibernéticos del control del desarrollo de la informática impusieron sus condiciones y criterios. 

Es importante revisar que los tomadores de decisiones, públicos y privados de la educación, nunca se hicieron preguntas sobre la estrategia emergente y su implementación.  Basaron sus decisiones en una idea de homogeneidad social, esto bajo consignas del tipo: Todos los estudiantes y docentes tiene computadora en casa o una Tablet; todos tiene un lugar en casa para estudiar y trabajar; todos los miembros de la familia pueden conectarse al mismo tiempo a la red; y los que tienen un Smartphone  pueden pagar por el consumo de datos ilimitados sin ningún problema.

Se imaginó desde  los escritorios de las autoridades educativas que  los papás y las mamás en la cuarentena sólo de dedican a la educación y al cuidado de los hijos e hijas, ningún padre o madre hacen home office, y que la limpieza del hogar, la preparación de alimentos se hacen solos. 

Se dio por hecho que todos los y las estudiantes saben manejar las plataformas educativas, se supuso además, que no hay ningún tipo de conflicto y tensión en las relaciones familiares, y que todo lo educativo se resuelve mandando tareas que los y las estudiantes tiene que hacer, así como, actividades, ejercicios, videos, guías de aprendizaje, compartiendo links de libros y películas, pensando que con eso ya está resuelto el proceso educativo, olvidando que se requiere pensar, diseñar y construir procesos educativos desde lo que implican y son las plataformas digitales y tener algunos elementos de diseño instruccional para cursos en línea o a distancia.

En el caso de las niñas y niños más pequeños, los papás y las mamás han tenido que enviar “evidencias de cumplimiento” de sus hijos, previa impresión de cientos de hojas con los ejercicios tareas, asi, fotos de los dibujos, de las actividades que están haciendo las niñas y los niños,  hasta estar escaneando tareas y trabajos, etc. Los infantes más grandes tienen que “subir” sus tareas y trabajos realizados, estar en un chats y cumplir un horario de permanencia como si estuvieran en clase presencial, etc. Otras instituciones, sin decirlo claramente, colocaron a sus profesores y profesoras en lógicas de 24/7, con una idea de disponibilidad e incondicionalidad propia de apóstoles y mártires de la educación. Los universitarios al parecer, -y también por el carácter elitista de la educación superior-, han tenido más recursos y posibilidades educativas de salir bien librados en materia educativa en el contexto de la pandemia.

Lo cierto es que la tecnología invadió toda la vida de lo escolar. Cuando las autoridades, al menos en la educación pública vieron que no todos tenían acceso al uso de las TIC´s, aparecieron las clases por televisión, en horarios propios de las ocurrencias y de las negociaciones del tiempo aire de las televisoras. Dicho sea de paso, tanto el uso de la televisión y como el uso de las redes sociales de una gran cantidad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes no está anclada con fines educativos o didácticos. 

“No es solo la falta de recursos, los alumnos están más habituados a entrar en redes sociales en el afán de divertirse y distraerse. Pese a que se dice que a las nuevas generaciones se les facilita el uso de la tecnología, la realidad es que sí pero el uso instrumental y no crítico. Por eso se da esta resistencia, en usar de una manera más provechosa el recurso tecnológico de la noche a la mañana nos cambian la manera de enseñanza-aprendizaje y debemos adaptarnos. […] No es nada más el docente el que no sabe usar la tecnología o no se adapta como lo han comentado, es también la parte de los alumnos”, como lo afirmó Gloria Cuamea Lizárraga**,

La realidad es que las y los docentes se han tenido que adaptar y asumir estrategias para pasar del texto impreso y de la oralidad en clase a integrar medios audiovisuales, electrónicos y multimedia a través de plataformas virtuales para intentar, como pueden, atender a sus estudiantes en una dinámica personalizada los procesos educativos, en las condiciones que la realidad concreta que los alumnos y alumnas les impone.

Los retos que todo este cambio de lo educativo ha desatado pone, de manifiesto la desigualdad de oportunidades y las más diversas condiciones de acceso a la tecnología de docentes y de estudiantes. Muestra la inequidad en el acceso a Internet, demuestra a su vez, la desigualdad social  y económica entre las condiciones de uso y acceso a las tecnologías de comunicación, así como las claras diferencias entre los subsistemas de educación pública y privada.

Se tiene que reconocer el papel y  la función esencial de las y los docentes, se requiere invertir en capacitación y equipamiento para la incorporación en la práctica educativa de las tecnologías a las maestras y maestros, a la vez de asumir la llegada de lo digital a la educación, especialmente en  la educación pública, como una exigencia educativa y didáctica, pero asumiendo que las TIC´s, no pueden sustituir a las y los docentes, porque si algo se ha comprobado con la investigación educativa, es que la función de guía que tienen en los procesos de aprendizaje y la incorporación de los procesos emocionales y cognitivos dentro del proceso formativo es de lo más valioso en la formación de personas, además resaltar la importancia de la socialización y de la convivencia en el espacio de la escuela, como posibilidad para la construcción de ciudadanía, convivencia y diálogo social, así como la configuración de una amplia red de cohesión social, que es urgente desarrollar, reconstruir y potenciar ante los graves problemas sociales que vivimos.

La educación no pude regresar a lo mismo después de la pandemia. Se tiene que cerrar la amplia y profunda brecha digital, que las condiciones estructurales de pobreza y exclusión han hecho una vez más visibles. Se requiere que las autoridades asuman su responsabilidad de ofrecer educación de calidad, laica y gratuita y de dotar de las condiciones e infraestructura y equipamiento digital y las competencias tecnológicas a toda la población, empezando por los que menos oportunidades tienen. 

La pandemia de COVID-19 nos puede dar la ocasión de dar  valor tangible  a la educación, desde una filosofía educativa que ponga a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el centro de la acción educativa y al igual que la escuela, para potenciar una real de movilidad social y construir desde la educación de calidad, la equidad y la justicia social que tanta falta hace en todo el país. La llegada de la educación en línea y el uso de recursos digitales para el aprendizaje es ya una urgencia del presente. 

El futuro llegó y exige gran sensibilidad social y visión de gobierno de corto y mediano plazo, para que la era digital y la sociedad de la información sean una realidad, aquí y ahora, en tiempo presente. 

 

*https://latinoamerica.cengage.com/27-plataformas-virtuales-educativas-gratuitas/?fbclid=IwAR2JRGCFNm4SmpMaHi_Rx6kwej2Ed7LK08iL3qUqPScrThDtnLoq_QtgqCc

**https://www.elsoldesinaloa.com.mx/local/alumnos-se-resisten-a-usar-la-tecnologia-para-el-aprendizaje-5223751.html?fbclid=IwAR2MLgfa5Z3TEQjUY3v1Nwifd_xO7LKbj0Vxu7i-YYDZECOtEHi1u2VwKtc

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