EL FLUJO DE LA MÚSICA O CÓMO LOS SONIDOS MEJORAN NUESTRA CALIDAD DE VIDA.


Más allá de interrumpir el silencio para que el cerebro capte melodías, ritmos y matices, la música es un arte con significados y efectos particulares. Muchos son los estudios que aseguran que su impacto va desde aliviar dolores físicos y emocionales, de ahí, hoy en día, se haya generalizado el uso de la “musicoterapia” como tratamiento en pacientes con trastornos como el Parkinson, demencia o autismo.

Una infinidad de estudios llevados a cabo avalan esta afirmación: la música mejora nuestras capacidades cognitivas.

Bien cuando escuchamos una canción o bien cuando tocamos un instrumento, nuestro sistema genera conexiones neuronales que afectan a casi todas las regiones del cerebro -esas que controlan las funciones motrices, lingüísticas, cognitivas, emocionales o incluso sociales-; activándose y estimulándose.

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UNA BUENA DOSIS DE MOTIVACIÓN

Los efectos de la música en el cuerpo también son cuestión de química y tienen nombre propio: ¡dopamina!.

Es habitual que, cuando escuchamos una canción, los estímulos neurológicos que acabamos de mencionar generan respuestas fisiológicas como la liberación de esta hormona, conocida como “la hormona del placer”, que tiene múltiples beneficios: regula el sueño, el humor, la memoria, la atención… Sin duda, su nombre es bien merecido: ¡es el centro del placer y la motivación!.

Además, dependiendo del tipo de música que estemos escuchando, el cerebro también puede liberar otros neurotransmisores.

Por ejemplo, la música clásica que, según algunos estudios, provoca la generación de serotonina, una sustancia química que provoca relajación y calma los niveles de estrés y ansiedad.

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EL RITMO CARDÍACO: PULSO… ¡Y MÚSICA!

¿Sabías que, cuando escuchamos música, nuestras ondas cerebrales cambian para adaptar la respiración y los latidos del corazón al ritmo de la melodía?

Este efecto solo le ocurre al ser humano y a algunos pájaros y puede ser la explicación de por qué, al practicar ejercicio, nuestro ritmo y resistencia mejoran con las canciones más rápidas… Además, este tipo de música también aumenta nuestro estado de alerta, nuestro pulso y nuestra presión arterial, así que dale al “play” ¡y a correr!.

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Está claro que, prácticamente desde que existe el ser humano, la música ha sido un elemento fundamental en nuestras vidas… Ahora ya sabes por qué: se sincroniza con nuestro cuerpo e influye en él a todos los niveles. ¿Aún no te has animado a practicar con ningún instrumento de música? Imposible que ahora encuentres un motivo para no hacerlo.

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