Mujeres Muralistas Mexicanas, deuda histórica.


Este artículo reconstruye y rescata el quehacer artístico de las mujeres que participaron y reconfiguraron este fenómeno cultural.

 

Existe una deuda histórica con el trabajo artístico de las mujeres muralistas. Su paso por uno de los movimientos culturales más importantes en México se ha registrado desde un papel secundario. La obra de cada una de estas mujeres configura y abre nuevas vertientes sobre la historia del muralismo en nuestro país.

Electa Arenal

CDMX

(1935-1969)

Extraordinaria escultora, muralista y poeta a quien, tristemente, la vida le dio poco tiempo para realizar su obra.

Fue hija de la artista Elena Huerta. Como muralista se formó junto con su madre, a quien asistió en los frescos de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro en 1951, y con Diego Rivera, con quien trabajó en los murales exteriores del Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria y del Teatro Insurgentes entre 1952 y 1954. Como muralista independiente realizó obra en Cuba, animada por los ideales de la flamante revolución cubana. Entre 1961 y 1965 realizó una prolífica obra que incluye los murales escultóricos Canto de la revolución (1962), Átomos y niños (1963) y Revolución cubana (1965).

Rina Lazo

(1923)

Guatemala

Radica en México desde 1946. Se inició en el muralismo a mediados de la década de 1940, cuando asistió a Diego Rivera en la obra Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947) del Hotel del Prado. En 1949 realizó Los cuatro elementos, obra en temple para la Logia Masónica del Valle de México.

En 1954, pintó en Guatemala, en el comedor del Club Italiano de la capital, el fresco titulado Tierra fértil. Posteriormente, el recinto se transformó en la escuela de restauración y, en 1981, el mural se limpió, fue desprendido de la pared con la técnica del strappo y se colocó en un panel transportable. Fue donado y trasladado a la Universidad de San Carlos, donde se encuentra hasta la fecha, y se inauguró en 1989.

Fanny Rabel

(1922-2008)

Polonia

En 1942, estudió en La Esmeralda, se integró al grupo de los “Fridos” y con ellos realizó sus primeras incursiones en la pintura mural. Su muralismo no fue de raíz política, como era el de la mayoría de los artistas de la escuela mexicana, sino más bien de absoluta emotividad, que derivan de las enseñanzas de Frida, para ella:

“La pintura fundamental ha sido el Muralismo”. Rabel logró realizar pinturas murales de un extraordinario valor estético e histórico. Su primera obra individual fue Alfabetización (1952), pintada para la imprenta Etiquetas e Impresos de Coyoacán, actualmente desaparecida. En 1957, el Centro Deportivo Israelita (CDI) de la Ciudad de México le comisionó una importante obra mural, que tituló Sobrevivencia de un pueblo por su espíritu.

Aurora Reyes

(1908 – 1985)

Chihuahua, México.

Fue una figura central del renacimiento cultural de la década de 1930. Su abuelo, el general Bernardo Reyes, había dirigido en 1913 la revuelta contra el presidente Francisco I. Madero conocida como la decena trágica.

Reyes tuvo su primera exposición individual de dibujo en 1925, y desde 1927 comenzó a ganarse la vida como maestra de arte en escuelas públicas. En 1936, fue miembro fundador de la LEAR y comenzó a frecuentar a algunos de los artistas intelectuales más destacados de la época, como Frida Kahlo. El mural del pasillo de la entrada, realizado entre 1934 y 1936, se encomendó a un grupo de artistas plásticos miembros de la LEAR, donde se encontraba Reyes.

Elena Huerta

(1908-1997)

Coahuila, México

Apodada “la Nena Huerta”, se le conoce, con justa razón, como la autora del mural más grande realizado por una mujer en la historia del arte mexicano.

Realizó dos obras principales: la del Auditorio de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, en Coahuila (1952), y la ubicada en la entonces Presidencia Municipal de Saltillo, actualmente Centro Cultural Vito Alessio Robles, pintada de 1973 a 1976. El primero se llama La escuela en el campo, de 6 x 6 metros, donde contó con la asistencia de su hija Electa Arenal y de Eloy Cerecero. Para el segundo, algunas de sus asistentes fueron mujeres: María Romana Herrera y la Chacha Martínez Morton.

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