Callar en las aulas: las miradas de la violencia de género en la Universidad de Guanajuato.


El acoso sexual dentro de las aulas se volvió vergonzosamente común. Los casos donde profesores o sujetos de poder dentro de las instituciones educativas, en los que se valen de su posición de poder para someter al alumnado a su voluntad, se cuentan por centenas. Gracias a las voces de estudiantes y profesoras que decidieron romper el pacto de silencio a dentro de la institución, las situaciones han comenzado a visibilizarse dentro de la Universidad de Guanajuato, donde al amparo del poder
académico el problema se mantuvo impune.

Estas son las posturas y testimonios de mujeres que padecieron de manera directa los agravios cumulados contra una comunidad estudiantil, que decidió poner un alto al acoso, en la mayoría de las veces, callado en las aulas.

 

FOTO: Comunidad estudiantil UG.  

Marcha estudiantil de la UG por las calles de Guanajuato capital, tras decretarse el paro indefinido y toma de edificios en Guanajuato, León, Salamanca.  

Guanajuato. Acoso sexual, hostigamiento y maltrato psicológico son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres dentro de las instituciones educativas en Guanajuato. En estos espacios destinados al aprendizaje, al intercambio de conocimiento y a la investigación (al que pocas mujeres tienen acceso en nuestro país), ocurren distintos tipos de violencia que se mantenían en secreto por temor o por vergüenza, hasta hace poco.

La potente voz de las denunciantes empujó a otras mujeres a revelar las situaciones de maltrato de las que son víctimas dentro de las oficinas, cubículos y aulas, al grado de provocar un efecto dominó en el que los nombres de profesores, investigadores, coordinadores y directivos continúan cayendo uno por uno.

De acuerdo con datos proporcionados por la Universidad de Guanajuato, vía solicitud de acceso a la información, fue una de las instituciones académicas que acumuló más denuncias de acoso y hostigamiento sexual a nivel nacional entre 2017 y 2019: 78 casos que implicaron a directivos y docentes.

Paro en la UG. El agravio acumulado.

FOTO: Carolina Esqueda 

Un día antes de la huelga de la UG. Marcha de colectivos feministas en León, en protesta contra el feminicidio de la estudiante de Biología Ana Daniela Vega, que en diarios locales se difundió como un posible suicidio. 

El trasfondo de la manifestación estudiantil más importante de la máxima casa de estudios de Guanajuato, pasó a segundo plano cuando el paro  llegó a las primeras planas de medios locales.

Las acciones valientes que emprendieron durante casi una semana los jóvenes universitarios estaban de boca en boca. El paro universitario se convirtió, de manera simbólica, en el paro de todos los guanajuatenses cuya paciencia se ha visto colmada por la impunidad.

Sin embargo la oleada de indignación, en donde el feminicidio de la estudiante Ana Daniela Vega rebasó el vaso, comenzó a gestarse como colectividad días antes, cuando cientos de mujeres tomaron la Alhóndiga de Granaditas para llevar a cabo el performance Un violador en tu camino.

“Fue en ese momento en el que las ahora integrantes del contingente feminista que participó en el paro nos ubicamos las caras. Durante el paro comenzaron a sumarse más compañeras”; rememora Carla, estudiante de la UG quien participó activamente dentro de las protestas universitarias con fuerte carga feminista, desde antes del paro. 

La joven estudiante detalló algunos de los pormenores de la huelga histórica en la que el contingente del que fue parte, junto con la Red de Movimientos Feministas de Guanajuato, tuvieron un peso contundente.

Ejemplo de ello fue el muro de denuncias formado a lo largo de los tablones que convenientemente resguardaban el paso hacia las escalinatas del edificio central de la universidad, en aquel espacio quedaron plasmados de manera pública los nombres, y en algunos casos también los cargos, de quienes han violentado a estudiantes, profesoras y trabajadoras por motivos de género.

FOTO: Muro de acosadores 

El contingente feminista, que continúa trabajando a dos meses de haber concluido el paro, se encuentra trabajando en una base de datos de potenciales acosadores y abusadores sexuales, que incluyen sus cargos y el número de reincidencias.

Pero conformar y ser parte de un contingente feminista no fue fácil para quienes han integrado un espacio seguro, dentro del gran alboroto que involucró a gran parte de la comunidad universitaria.

“Sabemos que el paro nació a raíz de un tema de género, teníamos claro que sería necesario un contingente feminista que además fuera separatista”, destaca Carla, mientras un tono de rabia resalta a través del auricular.

A regañadientes de algunos de los representantes estudiantiles, las jóvenes feministas lograron emprender la iniciativa, en la que tuvieron que acatar la regla de no manifestarse mediante pintas, grafitis ni diamantina. Esto representó para el contingente una afrenta a manifestaciones legítimas emprendidas por colectivos feministas.

“El hecho de anunciarte como feminista acarrea muchos problemas en un ambiente en el que impera el machismo” Añade Carla, tras mencionar que como representante de una de las divisiones recibió comentarios despectivos por su militancia.

Las discrepancias en torno a las acciones del contingente separatista continúan. Mientras que la atención que se da a las denuncias por acoso sexual has sido uno de los ejes principales del convenio firmado por el rector general Luis Felipe Guerrero Agripino, el presidente municipal Alejandro Navarro Saldaña y el secretario de gobierno Luis Ernesto Ayala, Guerrero Agripino ha evitado trabajar de la mano de la comunidad estudiantil para abordar de lleno el tema.

“Como siempre ha pasado, es mera simulación. No hay trabajo en conjunto con las autoridades, no se nos ha consultado para nada y parece que no hay voluntad política de hacer las cosas” señaló Carla.

El caso de Isabel Puente, exalumna de la Universidad de Guanajuato (UG), es la muestra emblemática de cómo el rector de la UG resuelve las denuncias. Ella fue la primera en hacer pública la revictimización y el hostigamiento que pasó tras tratar de denunciar a su asesor académico, Julio César Kala, por acoso sexual cuando ella era becaria en la Facultad de Derecho.

Pero antes de abordar el caso de Isabel regresaremos el reloj 10 años atrás, cuando una alumna de la licenciatura en Cultura y Arte de la Universidad de Guanajuato campus León denunció a uno de sus profesores por acoso sexual. La falta de apoyo de las autoridades y el miedo, la orillaron a abandonar la carrera, la ciudad y lo que en aquel momento formaban sus aspiraciones.

 

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