Callar en las aulas. Una batalla que no iba a ganar. La Universidad sin herramientas contra el acoso


Un día antes de la huelga UG. Marcha de colectivos feministas en León, en protesta contra el feminicidio de la estudiante de Biología Ana Daniela Vega, que en diarios locales se difundió como un posible suicidio.

Foto Carolina Esqueda.

Mayra asoma su rostro sonriente del otro lado de la computadora, por fin logramos escucharnos después de un par de intentos fallidos. Me cuenta cómo le va con el clima frío, con la lluvia incesante que cae casi a diario en aquella ciudad tan lejana en la que vive con su esposo desde hace ya seis años.

Exitosa profesionista de 31 años, trabaja en un estudio de animación y sus días transcurren entre el ajetreo de la oficina y el cuidado de su departamento y de su pequeña familia. Cuando la cuestiono sobre aquel episodio que la alejó definitivamente de Guanajuato, coincidimos en lo extraño que nos parece que hayan pasado diez años desde entonces.

“Tenía 20 años. Estábamos en una reunión con otros compañeros y quiso poner su mano en mi pierna. Me dijo que sabía que yo no era de León y que si se me ofrecía algo podía acudir a él. Otro día apareció en mi casa a las tres de la mañana. Manipuló a mi roomate diciéndole que quería ver sus cuadros. Me dio mucho miedo y decidí denunciarlo pero la coordinadora me dijo que a veces las mujeres tenemos que aguantar ciertas cosas, que no sabía cómo era allá de donde yo venía pero que en Guanajuato no había acoso si no me había tocado”.

El acosador de Mayra impartía clases en la licenciatura en Cultura y Arte y era una conocida figura del ambiente cultural leonés: músico, pintor, escritor, tenía un “estudio”, un centro cultural que al mismo tiempo era un bar al que invitaba a sus alumnos a convivir después de las clases.

“Ya sé cómo me gusta verte, me gusta verte por la espalda y me tocó un tatuaje que tengo en el cuello. Esto me lo dijo en una exposición que hubo en la escuela y hasta otro profesor le llamó la atención por su comentario, porque no fui la única que lo escuchó.

“Luego me fui a vivir sola y sentía miedo. Una vez me vio con mis maletas y se ofreció a llevarme. Al final decidí darme de baja de la carrera porque si no era en la escuela me lo iba a encontrar en otros lugares porque que el ambiente cultural es muy chiquito. Me di cuenta de que era una batalla que no iba a ganar”.

Luego de que la coordinadora de la carrera no reconociera el acoso, Mayra fue directamente con el rector del campus. Corría el año 2010 y no existían ventanillas de UGénero ni atención especializada de ningún tipo para casos de acoso y hostigamiento sexual,  así que dejó su relatoría directamente en las oficinas del rector.

Pasó el tiempo y al fin recibió una llamada en Semana Santa, era el rector recomendando que no hiciera más grande el asunto y que tratara de arreglarlo directamente con las autoridades de la carrera. Mayra regresó a terminar el semestre pero decidió abandonar la carrera y se mudó a otra ciudad.

Tiempo después le informaron que el profesor había sido suspendido de sus labores y que no volvería a dar clases en los próximos dos años, pues aunado a su denuncia respaldada por testimonios, el profesor tuvo una serie de enfrentamientos con el entonces director de la carrera.

A la fecha este personaje continúa activo en la vida cultural leonesa, tiene un bar bastante concurrido e incluso participó en la última edición del Festival Internacional Cervantino.

Estudiantes de la Escuela de Nivel Medio Superior, en protesta contra el acoso sexual cotidiano vivido en las aulas. Foto Carolina Esqueda.

Foto Carolina Esqueda.

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