La mayor verdad es que todos mentimos.


Mentir es faltar a la verdad a sabiendas.  Según los especialistas todos mentimos, lo que cambia es la dosis. Una cosa es decir alguna mentira por cordialidad o para no ofender al otro y otra es la mentira malintencionada.

La realidad es que ya sea una pequeña o una grande, con buenas o malas intenciones, a los demás o a nosotros mismos, todos mentimos. Pareciera ser parte de nuestra naturaleza.

El escritor Mark Twain escribió: “Nadie podría vivir con alguien que dijera la verdad de forma habitual; por suerte, ninguno de nosotros ha tenido nunca que hacerlo”.

“Todo el mundo miente. Las personas mienten sobre cuántas copas bebieron antes de volver a casa. Mienten sobre la frecuencia con que van al gimnasio, el precio de sus zapatos nuevos, el haber leído tal libro. Dicen que están enfermas cuando están sanas. Dicen que llamarán cuando no lo harán. Dicen que el problema no es el otro cuando sí lo es. Dicen que te quieren cuando no es así. Dicen que son felices cuando están deprimidas. Dicen que les gustan las mujeres cuando en realidad les gustan los hombres”.

Así arranca uno de los capítulos de “Todo el mundo miente”, el fascinante y perturbador libro que tras cuatro años de investigación ha escrito Seth Stephens-Davidowitz.

La mayoría de personas están de acuerdo con que mentir es a veces algo necesario con el fin de evadir “pequeños inconvenientes” que decir la verdad podría ocasionar.

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El problema aparece cuando mentir se convierte en un hábito y ya no se puede dejar de hacerlo.
La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa.

En general se miente para:

Por evitar un conflicto.
Por vergüenza.
Por miedos.
Para evitar el sufrimiento de alguien.
Por quedar bien.
Por falta de autoestima.
Por conveniencia.
Por piedad.
Para dar una buena imagen.
Para sacar algún provecho.

Mentiras Patológicas

En las mentiras patológicas no se trata de las mentiras cotidianas que cualquiera puede decir en algún momento, sino de una compulsión irrefrenable por mentir.

La persona con este problema no puede manejar su tendencia a mentir y esto le genera enormes daños.
Mitomanía, mentira patológica o pseudología fantástica son términos aplicados por los psiquiatras para nombrar el comportamiento de los mentirosos compulsivos.

El mentiroso patológico se define como una persona que miente todo el tiempo y no se preocupa por el efecto de dicha acción sobre los demás.

Las características son:

1. Las historias contadas no son del todo improbables.
2. La tendencia a mentir es duradera, no es provocado por una situación inmediata o por la presión social sino que se trata de una característica de la personalidad.
3. Las historias contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable. Por ejemplo, la persona puede presentarse a sí misma como alguien generoso, valiente, sabio, etc.
4. Viven una especie de realidad paralela, le dan otro significado a los conceptos de mentira y verdad.
5. Se defienden enérgicamente ante cualquier cuestionamiento de sus dichos.
6. Suelen tener baja autoestima aunque nunca lo demuestran.
7. Suelen olvidar lo que contaron.
8. Suelen ser personas muy inseguras aunque nadie pueda notarlo.

Sin dudas la honestidad es un valor. Desde niños hemos escuchado que la sinceridad siempre es valorada y reconocida. Pero lo cierto es que el engaño y la falsedad forman parte también de las características de los seres humanos. Se sostiene que mentir forma parte del desarrollo, así como aprender a caminar o hablar. es una realidad: TODOS MENTIMOS. 

 

 

 

 

 

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Fuentes:

https://rsalud.com.ar/todos-mentimo

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