Linchamientos: ¿Crisis de autoridad en México?.


La crisis de autoridad es la responsable en las últimas décadas de lo que está viviendo el país, la razón más profunda para definir la violencia social y con ello la indignación moral.

Los limites sociales se han roto y es necesario indicar un alto a la corrupción, ineptitud e impunidad de las autoridades, al mismo tiempo mostrar el abuso que comenten en contra de la sociedad incluyendo la omisión, opacidad, volviéndose cómplices del criminal.

Somos testigos, del dramatismo de las imágenes presentadas, los hechos compartidos recientemente en redes sociales, “el ladrón de la combi”, donde afortunadamente había una cámara testigo, dan cuenta cómo los linchamientos pueden ser una de las formas de violencia cotidiana donde muestran el hartazgo de nuestra sociedad frente a las autoridades que no actúan o que lo hacen de manera incorrecta.

El delito de robo con violencia o intimidación es una de las dos modalidades del delito de robo y está castigada con pena de prisión de hasta 5 años.

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Después de presenciar lo que para algunos fue justicia y para otros abuso de violencia, queda la reflexión y la pregunta: ¿Has utilizado transporte público y te han asaltado alguna vez, cuál fue tu sentimiento?

La barbarie que estamos viviendo en gran parte es por la individualidad a la que fuimos sometidos, prácticamente al mismo tiempo que tendían al ladrón en la México-Texcoco, en otro lado del Estado de México nadie hizo nada y el chico asaltado en una combi murió de un balazo por negarse a entregar el celular… dos escenarios afines y finales distintos… ¿Cuál prefieres?. 

En algún momento despertando de la somnolencia individualista quizá nos hemos percatado que unidos podemos evitar ser lastimados.

La brutal golpiza que le propinan a los delincuentes sólo es producto de tanta frustración al ser asaltados tantas veces y quedarse impotentes y maniatados, ahora el caído paga los platos rotos.

Se llegó al hartazgo y se contesta sin miramientos, el video que circula no me sorprende. Esa práctica se va extendiendo desde hace tiempo.

Hay mucho que reflexionar sobre estos actos, como fácilmente nos convertimos en lo que más odiamos, cómo somos presa de un círculo de violencia sin término que nos arrastra a la ley del talión, ojo por ojo…

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